El sentido de la honestidad y la responsabilidad social

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Por: Teresita de Jesús herrera Maldonado

Apenas hace algunos meses escuchamos al ejecutivo federal, insistir en la premisa “nadie por encima de la ley” hoy vemos que convenientemente aplica solamente para algunos sectores, pero no para el mismo ejecutivo, que como es sabido ha sido transgresor de las leyes en reiteradas ocasiones, dando clara señal de su incapacidad intelectual, así como del abuso de poder.

De esta manera tenemos hoy un gobierno que por un lado señala, desprestigia, ridiculiza a quien no está de acuerdo con el, calificando hasta de “cretinos” a sus opositores, muy lejos está ahora de aquel que pregonaba “amor y paz” cuando lo único que provoca en sus mensajes es el enfrentamiento, el egoísmo y el esparcimiento de odio entre los mexicanos, provocando división y polarización de un pueblo que de por sí ya ha sufrido bastante.

Un gobierno incongruente además  con la que hizo su bandera de honestidad, al pregonar que combatiría la corrupción, cosa que únicamente ha quedado en palabras, más aun,  en hechos pero no precisamente para abatirla sino que por  lo contrario para fomentarla, es tal el caso de las adjudicaciones directas, compras discrecionales  que ha hecho este gobierno, violando principios  del plan nacional de desarrollo, situación que a todas luces aumenta el riesgo de  corrupción y por ende desalienta la competencia honesta entre las empresas.  El plan nacional de desarrollo, en su capítulo de política y gobierno contempla claramente la prohibición de adjudicaciones directas. El plan también señala no serán toleradas las faltas de observancia a las leyes por parte de los funcionarios públicos, pero al parecer estas disposiciones parecen no importar a un gobierno que se siente con el poder absoluto, de modificar leyes hasta por memorándum.  Los resultados de estas malas prácticas, son principalmente la afectación al sector empresarial, que pierde la confianza al no haber una sana competencia en el mercado, por lo tanto, desalienta la inversión y su crecimiento. Hoy la economía mexicana se encuentra en un ciclo recesivo. Si no hay inversión de la iniciativa privada no hay generación de empleos dignos, condiciones salariales justas, familias satisfaciendo sus necesidades de manera decorosa y por consecuencia un mayor crecimiento para el país, generando un bien común.

Pero que podemos esperar de un gobierno que tiene únicamente una visión clientelar, populista, de ayuda a los pobres, pero no necesariamente para que dejen de serlo, tal pareciera que su objetivo es mantener a los mexicanos en estado de precariedad, generar más pobreza y dependencia del gobierno con fines electorales.  Y esto es precisamente lo que está generando al disminuir gravemente presupuestos a sectores como investigación, ciencia, salud, medio ambiente, cultura, teniendo como justificante “la austeridad” enviando estos recursos ahorrados a programas sociales que vislumbran a un ejército electoral en potencia de más de 23 millones de mexicanos.

Es preciso tener muy claro que la responsabilidad social no se agota con el ejercicio del sufragio el día de las elecciones, al contrario, esa responsabilidad necesita crecer con la participación ciudadana activa, libre, ordenada y permanente, en el cumplimiento de los deberes cívicos, políticos y sociales que tiene la persona en la sociedad. Porque es claro no es lo más correcto solo criticar sin actuar o señalar sin proponer. 

Acción nacional desde hace 80 años, ha sido parte de la solución, tratando de evitar el dolor evitable, formando ciudadanos y ciudadanas responsables, impulsor de instituciones, parte fundamental de la democracia en nuestro país.  Hoy ejerciendo una oposición firme, objetiva y evidentemente propositiva.

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