Masculinidades positivas.

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Por: Gerardo A. Herrera Pérez

En mi ejercicio cotidiano de trabajo con hombres para deconstrucción de masculinidades hegemónicas en otras alternativas de ser hombre, que eviten utilizar el mandato de masculinidad, requiere de una redefinición, o una nueva concepción, o una concepción más amplia de la masculinidad, ya no se trata de un asunto demandado únicamente por las feministas o por las mujeres en general.

Existen ahora los  deseo de muchos varones que diariamente realizan diversas prácticas y vivencias que, a pesar de las adversidades y circunstancias, se han atrevido a explorar a través de relaciones y posiciones íntimas, sociales y políticas distintas a las tradicionalmente establecidas para los varones con masculinidades hegemónicas, no solo en el prestigio, sino en la violencia.

Una reformulación de la concepción de la masculinidad mantenida hasta ahora, implica el reconocimiento de la existencia de diversas expresiones o manifestaciones masculinas, algunas de las cuales, incluso, se plantean como opuestas al modelo de masculinidad establecido en forma hegemónica.

En este sentido, recientemente conocí a Fernando Reyes Pedraza; él es un cibernauta,  joven, oriundo de la Tierra Caliente michoacana, de Turicato; con Fernando comentábamos la importancia de la formación de los hijos, esa identidad que se construye a partir de los ejemplos que les damos los padres, es decir, la construcción del género, su identidad y el rol, lo que social y culturalmente le toca a su hijo, como macho y varón.

En sus fotos que comparte en las redes sociales, se ve la conexión que tiene con su pequeño hijo; un niño al que hay que formarle la identidad masculina, y comentábamos la importancia de no hacerlo bajo el esquema de una masculinidad hegemónica y violenta; es decir, controlador, que ejerza los saberes, el poder, la autoridad y la jactancia frente a la mujer, otro hombre o incluso haciéndose daño el mismo; alejar estos aprendizajes que dañan, será una prioridad, para dar paso a un nuevo ser humano más generoso, más comprometido con su otredad, menos colonizante, más solidario, menos antropocéntrico y si más ecocéntrico.

Yo sigo insistiendo que así como hay revolución feminista, también deberíamos hacer una revolución masculinista; una revolución que permita deconstruir el mandato de masculinidad que tanto daño ha generado, el androcentrismo (machismo) para el control de la mujer; para no continuar con estos mandatos culturales que permiten dar paso de manera cotidiana a violencia en sus diferentes dimensiones, hasta la más cruel, el feminicidio.

Una masculinidad positiva es aquella que permite un diálogo  horizontal con las personas, con su pareja, con sus hijos sin colonizar, sin controlar, sin denostar, sin disciplinar. Un varón con una masculinidad positiva compartirá  el control de la realidad con las mujeres, no utilizará el poder para imponerse sobre otros. Impulsará  formas justas de vivir en sociedad, luchará por disfrutar de su trabajo y de su hogar por igual, compartirá las labores domésticas y el cuidado de los hijos e hijas y de los adultos mayores que vivan en su casa, y desde luego no permitirá el seguimiento al salario patriarcal así denominado por la economía feminista.

Formar una masculinidad positiva, es vencer al patriarcado y al mercado, y la manera de no mantenernos en el hedonismo, el narcisismo, en la búsqueda de los valores líquidos. Es hacer de nuestra relación un ejercicio permanente de alteridad e intercomunicación con el otro, en tolerancia y en respeto, en complementariedad, en ecología de saberes.

Vaya mi reconocimiento a Fernando Reyes Pedraza y a su pequeño hijo, que crece siendo un niño de bien, que será un adolescente comprometido, un joven talentoso y una pareja sensible para establecer un proyecto de familia y de vida a favor de reconocer la vida al centro, donde las labores de cuidado y domésticas serán parte de los trabajos y responsabilidades a la que aspiran muchos hombres y muchas mujeres para evitar tanta violencia y si sentar las bases de una nueva forma de vivir en armonía y respeto.